
Mientras la mayor parte de componentes del grupo humano que habitaba, forzosamente, en la casa de la paranoia se faltaba al respeto de un modo escandaloso, un hombre y una mujer compartian un trozo de presente: la manzana que llenaba de verdor toda la habitación, el señor con bombín que mira como el espejo le refleja la nuca, el peine erecto en la cama y la sirena sobrerreal.
