

Al salir a la calle, fragmentos de pintura eran el paisaje. El cielo, lleno de hombres con bombines negros que viajaban por lienzos expresionistas que se fundían con los surrealistas, estaba salpicado por nubecillas grises que se hacían más nítidas al chocar con rosas pálidos que se juntaban con el cielo verdadero. Cada vez me sentía más ligero. El cuerpo no me pesaba y todo yo era esperanza, ávido de seguir andando por aquel paisaje. No me sorprendió encontrar a un anciano de larga barba blanca esperando mi pregunta:
-¿Qué puedo hacer para seguir estando tan bien como hasta ahora?
-Pues…seguir haciendo las cosas como las estás haciendo ahora.
Al volver a casa y entrar en mi cuerpo, tumbado en el sofá, le dije al señor del bombín negro que estaba sentado a mi lado que jamás olvidaría este sueño.
-¿Qué puedo hacer para seguir estando tan bien como hasta ahora?
-Pues…seguir haciendo las cosas como las estás haciendo ahora.
Al volver a casa y entrar en mi cuerpo, tumbado en el sofá, le dije al señor del bombín negro que estaba sentado a mi lado que jamás olvidaría este sueño.
